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EL BOSQUE , Jardin botanico

En el extremo norte del Jardín, sobre una superficie de unos 5.000 m2, se extiende una zona arbolada conocida con el nombre de “el bosque”. Separa el jardín de las casas colindantes y, durante años, se han plantando allí árboles de gran tamaño, los más característicos de algunos bosques de la Tierra.
Con el paso del tiempo se ha desarrollado una gran arboleda densa, umbría y fresca.La mayoría de los árboles son caducifolios, como el gran roble americano (Quercus macrocarpa), el pecanero (Carya illinoinensis), también norteamericano, el sudamericano árbol de la buena sombra (Phytolacca dioica), o la morera del papel (Broussonetia papyrifera) originaria de Asia y la Polinesia.
Con ellos conviven es este bosque irreal árboles de hoja persistente entre los que destaca el tejo (Taxus baccata), árbol sagrado de las antiguas culturas europeas, o la fotinia (Photinia serrulata) venida de las lejanas tierra de China, con su espectacular brotación de hojas de color púrpura que luego se transforma en verde brillante.
Tapizando el suelo se encuentran diversas especies que toleran bien la sombra o que se desarrollan en las escasas zonas donde llega el Sol.Haciendo un recorrido de oeste a este, por el camino sinuoso que atraviesa todo el bosque, se pueden observar los grandes árboles, las plantas tapizantes y su aspecto cambiante con las estaciones.
En el extremo oeste hay un gran arce de Montpellier (Acer monspessulanum), a la sombra del enorme roble americano, y tapizando el suelo un macizo de granados enanos (Punica granatum var. nana). Todos ellos son caducifolios y su aspecto está muy marcado por la estacionalidad. En la parte más soleada hay un macizo de azucenas africanas (Agapanthus africanus).
Siguiendo hacia el este se atraviesa una zona de caña india (Phyllostachys aurea), de la que sobresalen algunas palmeras datileras (Phoenix dactylifera), y entre la caña india hay macizos de cintas (Chlorophytum comosum) y aspidistras (Aspidistra elatior).
El camino pasa junto al pie de unos magníficos ejemplares de pino piñonero (Pinus pinea), a la sombra de los cuales se encuentra el busto de Simón de Rojas Clemente que da paso a una explanada con fuente de agua potable rodeada de grandes aligustres (Ligustrum lucidum), una higuera (Ficus carica) y las moreras del papel. La sombra de la gran fotinia y las carrascas (Quercus rotundifolia), el árbol de la buena sombra y los laureles (Laurus nobilis), marcan el recorrido y en él se destacan las livistonas (Livistona chinensis).
El suelo está tapizado de helechos (Nephrolepis bostoniensis) y bruscos (Ruscus aculeatus). El bosque acaba en el muro oriental en una zona abierta, después de pasar bajo el gran tejo, el pecanero y el diversas especies de Quercus.

diciembre 18, 2007 Posted by | Parques y jardines | Deja un comentario

PLANTAS ACUÁTICAS, Jardin botánico

Las plantas acuáticas están especialmente adaptadas para vivir en charcas, arroyos, lagos, ríos y albuferas, donde no pueden vivir las demás plantas terrestres. Aunque proceden de familias muy diversas presentan adaptaciones semejantes, y son una muestra del fenómeno de convergencia adaptativa.

De modo general, se habla de plantas acuáticas, pero entre ellas puede haber plantas sumergidas o flotantes, enraizadas o no en el fondo, anfibias, con hojas sumergidas y emergidas de aspecto y forma distintos, y helófilas, que sólo mantienen sumergidas las raíces.

Las plantas acuáticas tienen en común su estructura herbácea. Las que se encuentran sumergidas o son flotantes apenas desarrollan raíces ni cutícula en las superficies en contacto con el agua, para poder tomar de ella directamente los gases y los minerales que necesitan para vivir, y tampoco tienen tejidos mecánicos porque su capacidad de flotación las mantiene erguidas.

Las desarrollan sus raíces en lugares encharcados y mantienen los demás órganos separados del agua, suelen tener tallos huecos, para poder transportar el aire hasta las raíces.En el Jardín Botánico también hay plantas acuáticas que ocupan las balsas y estanques. En la balsa que hay junto al muro del este, delante del invernadero que lleva su nombre, hay grandes macetones de obra donde se plantaron algunas especies acuáticas de gran interés.

En el macetón central está la flor de loto (Nelumbo nucifera), en los laterales eneas (Typha domingensis), talias (Thalia dealbata), papiros (Cyperus papyrus), pontederias (Pontederia cordata). De las macetas surgen nenúfares (Nymphaea alba), alocasias (Alocasia odora) y colocasias (Colocasia esculenta).

Además pueden verse flotando lechugas (Pistia stratiotes), jacintos (Eichhornia crasssipes) o las pequeñas lentejas de agua (Lemna minor). El verano es el momento de mayor esplendor de la balsa, con los nenúfares y el loto en flor.

En el estanque de la Montañeta también viven plantas acuáticas como juncos (Juncus maritimus), lirios amarillos (Iris pseudoacorus) o eneas y, en el centro, el ciprés calvo de los pantanos (Taxodium distichum).

diciembre 18, 2007 Posted by | Parques y jardines | Deja un comentario

INVERNADERO TROPICAL, JARDIN BOTÁNICO

En el centro del Jardín se encuentra el invernadero tropical, sin duda, la construcción más importante por tratarse de un ejemplo temprano de la arquitectura del hierro desarrollada en España a finales del siglo XIX y que sirvió para construir mercados, estaciones de tren, teatros y circos.El invernadero se restauró en 1990 y se acondicionó para poder cultivar en él plantas tropicales.

Las condiciones ambientales en el interior son casi constante a lo largo de todo el año, con una temperatura de unos 20 ºC, una humedad ambiental del 85-95% y un sombreado del 65%. Un sistema de lluvia instalado en el techo permite dar riegos intensos y reproducir el ambiente de la selva húmeda tropical.

Por limitaciones de espacio resulta imposible mantener los grandes árboles propios de las pluvisilvas tropicales, sin embargo, se muestran otras plantas características de su sotobosque como algunos arbustos y sobre todo lianas y plantas epífitas.Las lianas y las epífitas son las plantas más características de las selvas lluviosas.

Son el resultado de la adaptación a la búsqueda de la luz en unos ambientes sombreados por los grandes árboles y donde las plantas deben elevarse hasta el dosel que forman las copas para recibir suficiente luz del sol.

Las lianas son plantas enraizadas en el suelo, con tallos flexibles de rápido crecimiento, que utilizan a las plantas leñosas como soporte para trepar. Las epífitas, en cambio, viven separadas del suelo, sobre otros vegetales y toman los minerales y el agua de la que escurre por los troncos o directamente del aire.

Son epífitas la mayoría de las orquídeas tropicales, las bromelíaceas y muchos helechos.Lo que más llama la atención al entrar en el invernadero tropical es el muro del fondo, totalmente cubierto por las lianas que se sujetan con la ayuda de zarcillos o raicillas caulinares. Entre ellas es fácil reconocer a los potos (Epipremnum aureum), los ficus de hojas acorazonada (Ficus pumila), los filodendros (Philodendron scandens) y las monsteras (Monstera deliciosa).

También son llamativas la palmera botella de las Islas Mascareñas (Hyophorbe lagenicaulis) en el centro del invernadero, el bambú ventricoso de Asia (Bambusa ventricosa) a la izquierda, y a la derecha el castaño de la Guayana (Pachira aquatica) de centroamérica. Sobre este arbolillo se desarrollan diversas orquídeas epífitas como la Vanda de Tahilandia y los Epidendrum de centroamérica.

También son epífitos los helechos cuerno de alce (Platycerium bifurcatum), las bromeliáceas (Vriesea, Nidularium) o las orquídeas (Phalaenopsis, Cymbidium, Cattleya) que se cultivan en los cestos colgantes de fibra de coco y sobre los troncos caídos.Algunas plantas son frecuentes en nuestros hogares, como Ficus benjamina de Asia, las drácenas (Dracaeana) de África y las Schefflera de Asia.

Otras producen frutos comestibles como los pándanus (Pandanus utilis), el cafeto (Coffea arabica), las piñas tropicales (Ananas comosus) o la platanera (Musa x paradisiaca). Hay helechos arborescentes como Dicksonia fibrosa o Blechnum brasiliense y plantas vistosas por sus flores como las heliconias (Heliconia psittacorum) y la medinilla (Medinilla magnifica), o por sus hojas, como las calateas (Calathea), las sansevieras (Sansevieria) o los crótones (Croton).

diciembre 18, 2007 Posted by | Parques y jardines | Deja un comentario

UMBRÁCULO, JARDIN BOTÁNICO

En el centro del Jardín Botánico se levanta una estructura de gran originalidad, posiblemente única, se trata de un gran umbráculo de hierro y ladrillo construido entre 1897 y 1900. La cubierta crea una suave sombra tamizada que permite el desarrollo de plantas más o menos esciófilas (amantes de la sombra).
Estas plantas tuvieron que modificar sus estructuras vegetativas y adaptarlas para conseguir asimilar luz suficiente en un ambiente umbrío. Por ello son plantas con hojas grandes intensamente verdes, por la gran cantidad de clorofila que acumulan, y con frecuencia, con tallos también verdes.
En el umbráculo se cultivan especies esciófilas de origen muy diverso. Hay palmeras de las densos bosques subtropicales americanos como Chamaedorea seifrizii, Ch. costaricana, Ch. metallica, Ch. elegans; o australianos como Howea forsteriana o Archontophoenix alexandrae.
También helechos arborescentes de Centroamérica (Blechnum brasiliense), ficus asiáticos (Ficus benjamina, F. lyrata, F. elastica), aráceas americanas (Monstera deliciosa, Philodendron bipennifolium) y araliáceas de Asia y Australis (Schefflera arboricola y Brassaia actinophylla), diversas variedades de la hiedra europea (Hedera helix) y begonias de todo el mundo (Begonia boweri, B. foliosa, B. masoniana, B. nelumbiifolia, B. picta, B. rex, B. sanguinea). Por último, se cultivan las tradicionales Ligularia tussilaginea, Aspidistra elatior y Hoya carnosa antes frecuentes en los patios de las casas y que actualmente cada vez más raras.
Por la celosía que cubre la fachada sur del umbráculo suben rosales trepadores y al pie de los adornos de hierro hay macetones de barro con madroños (Arbutus unedo) de pie alto y gazanias (Gazania uniflora).
En el centro del umbráculo hay un estanque antiguamente usado para regar las macetas que se ordenaban a la sombra y que hoy está ocupado por jacintos (Eichhornia crassipes) y lechugas de agua (Piscia stratiotes), plantas flotantes originarias de las aguas tranquilas de los países tropicales y subtropicales de todo el mundo.

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ROCALLA DE EMDEMISMOS, JARDIN BOTÁNICO

Las glaciaciones del Cuaternario provocaron la extinción de gran parte de la flora extratropical. Las zonas templadas quedaron libres de fríos intensos, por lo que su flora sobrevivió, pero además se enriqueció con la desplazada por el avance de los hielos.
Los territorios de clima mediterráneo, junto con los tropicales, son los que actualmente poseen la flora más original y diversa.La historia geológica del Mediterráneo, los periodos de desecación e inundación, el avance de los hielos o la suavización de su clima, la formación de las montañas y la separación de las islas, han provocado unos procesos de fragmentación del territorio que han afectado a las plantas que vivían en él.
Cuando las poblaciones de una especie quedan separadas y aisladas, evolucionan de forma independiente y pueden dar origen, con el tiempo, a especies distintas que lógicamente tienen estrechos lazos de parentesco. Este fenómeno es conocido como vicarianza y en el Mediterráneo es muy frecuente.Por otro lado, la región mediterránea está bajo la influencia de un clima común, caracterizado por las temperaturas suaves en invierno y la aridez acusada en verano, que ha forzado al hombre, asentado en su cuenca, a desarrollar unas formas comunes de aprovechamiento del agua y del suelo, y a basar su agricultura en cultivos semejantes.
Con la rocalla de endemismos el Jardín Botánico encontró la forma de transmitir al visitante esa doble faceta del Mediterráneo: diversificadora, para las plantas, y unificadora, para los usos agrícolas. Fue proyectada en 1996 y al año siguiente encontró el apoyo de la Conselleria de Medio Ambiente que la incluyó entre las actividades a desarrollar dentro del proyecto Life de Microrreservas.
El elemento central de la colección lo constituye una balsa de agua de la que surgen dos acequias que recorren toda la rocalla y le dan unidad. Las acequias recuerdan el uso cuidadoso que siempre se ha hecho del agua en la región mediterránea y atraviesan los ambientes de montaña reproducidos con rocas calizas de distinta naturaleza y rodenos.
En estos roquedos se han agrupado los endemismos del Mediterráneo occidental por sus relaciones de parentesco. Junto a Silene hifacensis, exclusiva del norte de Alicante y de la isla de Ibiza, se puede ver a Silene mollissima, propia de Mallorca y Menorca. Hippocrepis valentina, exclusiva del norte de Alicante, convive con Hippocrepis grossi, endémica de Ibiza, y con Hippocrepis balearica, de Mallorca y Menorca.
Las tres especies de medicagos arbóreos también pueden compararse porque, en un rincón de la rocalla, crecen Medicago citrina, exclusivo de Columbretes, Cabrera y algunos islotes próximos a Ibiza, Medicago arborea, del Mediterráneo oriental, y Medicago strasseri, de Creta. También hay ejemplos de especiación en los que no ha intervenido la formación de islas, sino simplemente la aparición de barreras físicas (montañas, valles) que han aislado a la poblaciones.
Es el caso de Antirrhinum valentinum, endémico del sur de Valencia, que se puede comparar con Antirrhinum pertegasii, del norte de Castellón, Antirrhinum charidemi, del Cabo de Gata (Almería), o Antirrhinum sempervirens, de los Pirineos Centrales. Y los ejemplos siguen con otros géneros muy diversificados en el Mediterráneo como Sideritis, Biscutella, Centaurea, Dianthus o Helianthemum.Hay también plantas de Cerdeña (Satureja thymbra, Ferula arrigonii), Sicilia (Sarcopoterium spinosum, Centaurea aeolica), Córcega (Helleborus corsicus), o el norte de África (Fumana fontanesii, Anarrhinum fruticosum).
La acequia se adentra por una zona especialmente umbrosa, donde sólo han tenido cabida los helechos autóctonos valencianos y otros emparentados con ellos: Polypodium cambricum, Phyllitis scolopendrium, Thelypteris palustris, Dryopteris filix-mas, Ceterach officinarum, Asplenium onopteris.
Las acequias confluyen y desaparecen en una zona que reproduce el típico ambiente de montaña modificado por el hombre para establecer sus cultivos. Aquí, conviviendo con los endemismos del matorral (Salvia blancoana, Thymus longiflorus, Thymus membranaceus, Thymus zygis), se encuentran los cultivos típicamente mediterráneos como olivos (Olea europaea), algarrobos (Ceratonia siliqua), vides (Vitis vinifera) o alcaparras (Capparis spinosa).

diciembre 18, 2007 Posted by | Parques y jardines | Deja un comentario

FLORA VALENCIANA, JARDIN BOTÁNICO

La horizontalidad es una de las características más llamativas del Jardín Botánico, como también lo es de la huerta, donde se halla ubicado.

Y del mismo modo que la llanura valenciana se rompe ocasionalmente con la aparición de pequeños promontorios como los de El Puig de Santa María o la Muntanyeta dels Sants, el Jardín también rompe su monotonía con una discreta elevación, la Montañeta.

Aquí, en un reducido espacio, se muestran los ecosistemas valencianos más significativos, desde los arenales litorales a la alta montaña maestracense, y desde los matorrales secos del sur a los carrascales del norte.

El origen de esta elevación hay que buscarlo en el año 1958, cuando los últimos restos de barro y escombros que cubrieron el Jardín durante la riada de 1957 fueron amontonados allí. Durante mucho tiempo fue inaccesible al público hasta que durante la restauración del año 1990 se construyó la rocalla actual y se trazó el riachuelo que la recorre.
En su reducida superficie se han desarrollado varias unidades temáticas que representan la diversidad de la flora y el paisaje valencianos. Hay un arenal al lado de la Caseta del Romero donde viven las plantas más significativas de las dunas de El Saler, como el cardo marino (Eryngium maritimum), la campanilla de mar (Calystegia soldanella), la azucena de mar (Pancratium maritimum), la algodonosa (Otanthus maritimus), etc.
Todas ellas son capaces de soportar las adversas condiciones de vida marcadas por la movilidad de la arena, la salinidad del suelo y la acción abrasiva del viento marino cargado de sal.Recorriendo toda la montañeta hay un riachuelo que nace en lo alto de la rocalla y se precipita por una suave cascada hacia un estanque, por un lado, para convertirse por el otro en una rambla seca.
En este ambiente acuático y de ribera encontramos plantas muy conocidas en nuestro territorio como los juncos (Juncus), los lirios bastardos (Iris pseudoacorus), las eneas (Typha angustifolia) o las cañas (Arundo donax). Y otras exóticas, pero también de gran curiosidad, como los papiros (Cyperus papyrus), el cipres calvo de los pantanos (Taxodium distichum), los paraguas (Cyperus alternifolius).Otras zonas se destinan a las etapas dinámicas de la vegetación mediterránea más representativas de nuestro territorio.
El bosque mediterráneo está representado, al oeste, por un bosquecillo dominado por las carrascas (Quercus rotundifolia), a las que acompañan las características plantas del sotobosque umbroso como los durillos (Viburnum tinus), violetas (Viola odorata) o ruscos (Ruscus aculeatus), del que también forman parte las lianas que encaramadas sobre los árboles lo hacen impenetrable, como las zarzaparrillas (Smilax aspera) y madreselvas (Lonicera implexa).
Al norte está representada la maquia, formando un coscojar en el que lógicamente domina la coscoja (Quercus coccifera) a la que acompañan aladiernos (Rhamnus alaternus), palmitos (Chamaerops humilis) y lentiscos (Pistacia lentiscus). Y, en el centro, sobre rocas calizas y en el lugar más soleado de la Montañeta, el matorral seco del sur, con romeros (Rosmarinus officinalis), tomillos (Thymus vulgaris), espliegos (Lavandula latifolia) y jaras blancas (Cistus albidus) y algunos endemismos iberolevantinos singulares como Centaurea saxicola, Micromeria fruticosa o Thymus mastichina.
Finalmente, en las grietas de la rocalla, entre los grandes bloques de caliza o rodeno, se encuentran las plantas rupícolas, las que se han especializado para vivir en este hábitat tan singular. Entre ellas están algunos de los endemismos valencianos más importantes, como Silene hifacensis, Carduncellus dianius y Convolvulus valentinus, propias de los acantilados litorales del Cap de Sant Antoni o el Montgó, y Antirrhinum pertegasii, característico de los paredones verticales de la Tinença de Benifassà.

diciembre 18, 2007 Posted by | Parques y jardines | Deja un comentario

PALMERAS, JARDIN BOTÁNICO

Las palmeras forman una gran familia de plantas con más de 3.000 especies, ordenadas en unos 150 géneros. La mayoría son naturales de los territorios tropicales y subtropicales del mundo, donde pueden vivir en cualquier ambiente, desde los bosques pluviales hiperhúmedos a los desiertos, y desde los manglares encharcados a los matorrales de alta montaña, aunque la mayor diversidad se concentra en las zonas tropicales húmedas de Asia y América.
La mayoría son árboles de tronco esbelto, cilíndrico y sencillo, raramente ramificado, coronado por una roseta de grandes hojas palmeadas o pinnadas, de ordinario, largamente pecioladas. Las flores, generalmente unisexuales y muy pequeñas, se ordenan en una gran inflorescencia lateral, muy ramificada y rodeada de una gruesa espata más o menos leñosa. Los frutos son drupas (dátiles) o bayas (cocos).
En las tierras templadas de Europa se cultivan muchas especies, pero sólo tres son naturales. Una, el palmito (Chamaerops humilis), es característica del Mediterráneo occidental, vive en el sur de Francia y, por el litoral mediterráneo de la Península Ibérica, alcanza el norte de África; otra, la palmera de Teofrasto (Phoenix theophrastii), es propia del Mediterráneo oriental (Creta y Grecia) y está emparentada con la palmera datilera (Phoenix dactylifera); y la tercera, la palmera canaria (Phoenix canariensis), es endémica de las Islas Canarias.
La palmera datilera ha sido cultivada desde antiguo en la zonas cálidas del sur de la región mediterránea. De ella se aprovechan los dátiles, que forman parte de la dieta del hombre y de sus animales domésticos, las palmas, que sirven de techo en las casas, de lecho en los establos y con las que se fabrican distintos utensilios domésticos, y el tronco, útil para construir cabañas y para alimentar el fuego del hogar.

Pero otras muchas palmeras nos proporcionan productos que podemos encontrar a nuestro alrededor. Los cocos, que podemos adquirir en cualquier mercado, proceden del cocotero (Cocos nucifera), el aceite de palma, con el que se elaboran muchos productos de bollería, se extrae de las semillas de la palma del aceite (Elaeis guineensis), la rafia es una fibra textil que se obtiene de las hojas de palmera de la rafia (Raphia farinifera), la miel de palma es una sustancia azucarada obtenida a partir de la savia de la palmera canaria.
Otros productos como vino, almidón, cera, marfil vegetal o especias también son beneficiados de algunas palmeras. Por último, hay que destacar su uso ornamental, las kentias (Howea forsteriana), arecas (Areca catechu o Dypsis lutescens), datileras, canarias, palmitos y palmitos elevados (Trachycarpus fortunei) son palmeras cada vez más frecuentes en nuestros jardines o en el interior de nuestras casas.
En el Jardín Botánico existe una magnífica colección de palmeras al aire libre iniciada a mediados del siglo XIX que, sin duda, es una de las mejores y más interesantes de Europa. Está dispersa por todo el Jardín por lo que es necesario pasearlo tranquilamente para poderla apreciar en toda su extensión.
Los ejemplares más antiguos se encuentran en el cuadro 2 de la Escuela Botánica, a lo largo de los dos ejes principales del Jardín y alrededor de la balsa. Muchos tienen un tamaño considerable y son llamativos los gruesos troncos lisos como columnas del mármol de Sabal domingensis, de la isla de Santo Domingo, los numerosos tallos delgados de Phoenix reclinata, del Senegal, las raíces sobresalientes de la palmera datilera, de África, los dátiles rojos de Phoenix sylvestris, de la India, la densidad de las hojas de la palmera canaria, de las Islas Canarias, los dátiles comestibles de Brahea edulis, de California, las palmas azules y la impresionante floración de Brahea armata, de Méjico, la altura y delgadez del tronco de Washingtonia robusta, también de Méjico, las hojas brillantes y con forma de abanico de Livistona chinensis y L. australis, de Australia, o los delgados troncos cubiertos de fibras del palmito elevado, del Himalaya.
Aunque, sin duda, el ejemplar más característico es la carcasa, una palmera datilera macho con más de 35 brazos y que recibe este nombre porque la disposición de sus tallos y palmas recuerda la explosión de una carcasa de fuegos artificiales.Pero la colección no se acaba en los grandes ejemplares casi dos veces centenarios.
Valencia tiene un clima suave ideal para el cultivo de palmeras subtropicales y por ello desde 1990 se ha hecho un esfuerzo especial por ensayar nuevas especies en el Jardín. En estos momentos se cultivan más de 150 especies diferentes, algunas de gran rareza como Brahea dulcis, Acrocomia totai, Copernicia alba, Roystonea regia, Acoelorraphe wrightii o Trithrinax campestris, de Sudamérica, Ravenea rivularis o Dypsis lutescens, de Madagascar, Arenga engleri, Rhapis multifida o Rh. excelsa, de China y Japón, Howea forsteriana, Howea belmoreana, Archontophoenix alexandrae y A. cunninghamiana, de Australia.
El invernadero de la balsa, vacío hasta la restauración de 1990, se acondicionó para dar abrigo a las palmeras sensibles al frío. En él sigue la colección y pueden encontrarse especies procedentes de todas las áreas tropicales del mundo.
Frente a la puerta de entrada, en el centro del invernadero, hay una Licuala grandis, una Hyophorbe lagenicaulis y una H. verschaffeltii, en el lado izquierdo hay algunos ejemplares de Areca catechu, Elaeis guineensis, Veitchia merrillii, Caryota mitis, Cocos nucifera y Livistona saribus, y en el derecho pueden verse Latania lontaroides, Bismarckia nobilis, Ravenea rivularis, Dypsis lutescens, Thrinax floridana y Thrinax crinita, entre otras.

diciembre 17, 2007 Posted by | Parques y jardines | Deja un comentario

ESCUELA BOTÁNICA, Jardin botanico

Hubo un tiempo en el que los jardines botánicos fueron sencillos y recogidos huertos de simples, donde los catedráticos de Herbes enseñaban las propiedades medicinales de las plantas. Durante siglos en aquellos primitivos jardines botánicos sólo se cultivaron plantas útiles para sanar enfermedades.

Al final del siglo XVIII la botánica cobró fuerza como asignatura independiente, dejó, entonces, de preocuparse por las propiedades de las plantas y se interesó por su clasificación. Los jardines botánicos se reorientaron, las plantas medicinales pasaron a un segundo plano y su lugar principal lo ocupó una nueva colección, la Escuela Botánica, en la que se mostraba la diversidad del mundo vegetal cuidadosamente ordenada

La Escuela Botánica se convirtió así en una prolongación del aula que se repite en todos los jardines universitarios de Europa. En ella se disponen las plantas según un criterio de parentesco y antigüedad, desde las primitivas a las más evolucionadas. Allí se pueden completar las lecciones teóricas de morfología, organografía, biogeografía, sistemática y evolución.

Desde el traslado, a principios del siglo XIX, del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia al Huerto de Tramoyeres se puso especial interés y cuidado en el desarrollo de la Escuela Botánica. Ésta ocupó todo el espacio disponible, la mitad sur del jardín actual, y se distribuyó en 16 cuadros de plantación, separados por amplios pasillos y regados por las acequias árabes del primitivo huerto, creando un trazado simétrico que responde a los gustos clásicos de finales del siglo XVIII.

Son elementos fundamentales las cuatro acequias de riego que la recorren de sur a norte y que se mantuvieron funcionales para el riego a manta, característico de la huerta valenciana, hasta la restauración de 1990. Actualmente son sólo un elemento decorativo que recuerda los orígenes del Jardín.

Desde entonces la Escuela ha ocupado el mismo sitio y apenas ha cambiado su estructura. Sólo la disposición de las plantas se ha visto alterada, como consecuencia de su adecuación los cambios producidos a lo largo de 200 años en los criterios de ordenación de los vegetales. El método sexual de Linneo, con sus 24 clases, sirvió de modelo para el planteamiento que hizo de ella Vicente Alfonso Lorente hacia 1805. Así se mantuvo durante unos años, pero bajo la dirección de José Pizcueta la Escuela se modernizó y adoptó el sistema natural de Endlicher.
Para ello, Pizcueta estuvo asesorado por el botánico francés Felix Robillard formado en el Jardin des Plantes de París. Esa disposición, actualmente muy desfasada, se mantuvo en la Escuela Botánica hasta la restauración de 1990, cuando se adoptó un criterio sistemático más actual, el propuesto por Stebbins en su Flowering Plants. Sin embargo, la aplicación del nuevo criterio no fue total ya que fue imposible trasladar las grandes palmeras y el bambú gigante de los primeros cuadros, que han seguido dedicados a las monocotiledóneas (que en una ordenación más estricta deberían aparecer al final).
Tampoco las coníferas y las cicadáceas, que ocupaban el cuadro 3, entre las monocotiledóneas y las dicotiledóneas, pudieron reubicarse y quedaron allí, marcando el cuadro dedicado a las gimnospermas, que debería estar situado al principio de la Escuela.

Los pasillos principales están dedicados a cinco ilustres botánicos valencianos, de distintas épocas y trayectorias científicas, al principio de cada pasillo se pueden encontrar sus nombres: Joan Plaça, Antonio José Cavanilles, Simón de Rojas Clemente, José Pizcueta y José Borja. El repertorio se completa con Carlos Pau, que da nombre a la glorieta situada en el centro del Jardín.
El trazado interno de los cuadros es reciente, está inspirado en el de la Escuela Botánica del Real Jardín Botánico de Madrid y se realizó durante la última restauración para conseguir una mayor superficie transitable, permitir el acceso al interior de los cuadros y acercar a los visitantes a las plantas cultivadas. A lo largo de toda la Escuela y enmarcando los cuadros se encuentran diversos árboles de grandes proporciones que constituyen un auténtico arboreto cuya disposición no sigue ningún criterio sistemático.
Su presencia en la Escuela se debe a las necesidades de sombra que tenía el Jardín en sus orígenes. Con el tiempo los árboles han alcanzado las proporciones que hoy podemos ver, proyectando una densa sombra sobre toda la Escuela. La falta de luz en el suelo impide el crecimiento de muchas plantas y provoca el aspecto vacío de algunos cuadros.

A lo largo de sus 16 cuadros se puede observar la diversidad actual de las plantas después de vivir más de 300 millones de años sobre la superficie terrestre. En este tiempo los procesos de extinción y formación de especies han sido muy intensos y actualmente sobre la Tierra hay más de 250.000 especies distintas, que aún siguen en constante evolución y de las que en la Escuela Botánica del Jardín se muestra una variada representación.
El recorrido ordenado permite observar la evolución de los vegetales y ver los cambios de las estructuras florales, la reducción del tamaño de las flores y la aparición de las inflorescencias, el paso de la polinización por el viento (anemogamia) al uso de los insectos como transportadores del polen (entomogamia), la reducción de la estructura vegetativa y el tránsito de los grandes árboles a las hierbas.
En este espacio están representadas las principales familias de gimnospermas y angiospermas, las plantas con semillas. Las primeras son las más primitivas, no tienen flores verdaderas, son polinizadas principalmente por el viento y no desarrollan frutos, las semillas maduras quedan desnudas, los grupos más conocidos son las coníferas y las cicadáceas.
Por su parte, las angiospermas derivaron de aquellas y presentan caracteres más evolucionados, forman flores verdaderas, la polinización es principalmente guiada por animales y desarrollan frutos verdaderos que envuelven a las semillas maduras, la mayor parte de las plantas terrestres forman parte de este grupo, desde las magnolias hasta las orquídeas.

Repartidos por la Escuela Botánica hay diversos carteles que informan sobre el origen, las características y utilidades de las principales familias.Los dos primeros cuadros están dedicados a las monocotiledóneas, que en el sentido de Stebbins, hoy algo desfasado, formaría el grupo más evolucionado de plantas.
Se caracterizan por la sencillez de sus estructuras, la mayoría tienen tallos herbáceos, sólo algunas alcanzan porte arbóreo, no tienen crecimiento en grosor y los tallos no se ramifican, por lo que presentan una forma cilíndrica, las raíces son fasciculadas, las hojas tienen nerviación paralela, las flores tres piezas en cada verticilo, muchas veces con una sola envuelta en el perianto, y la semilla desarrolla un sólo cotiledón.
Se reconocen unas 52.500 especies agrupadas en unas 47 familias.A las gimnospermas se dedica el cuadro 3. Son plantas de gran porte, con caracteres muy primitivos, los escasos representantes actuales son muestra de un grupo mucho más amplio que tuvo su época de mayor esplendor durante el Mesozoico, hace entre 300 y 200 millones de años.
Actualmente sólo quedan una 600 especies, agrupadas en unas 15 familias.Las dicotiledóneas se distribuyen ordenadamente desde el cuadro 4 al 16. Son, sin duda, el grupo de plantas más diverso que vive actualmente en la Tierra, se conocen unas 198.000 especies agrupadas en unas 250 familias. Se caracterizan por tener la raíz pivotante, el tallo herbáceo o leñoso y, en este caso, con crecimiento en grosor, muy ramificado, las hojas con nerviación reticulada, las flores con verticilos de 4 ó 5 piezas y las semillas con dos cotiledones.

diciembre 17, 2007 Posted by | Parques y jardines | Deja un comentario

JARDIN BOTANICO, COLECCIONES

El Jardín Botánico de la Universidad de Valencia es un centro dedicado especialmente a la investigación y la conservación de la diversidad vegetal.
Para ello ha desarrollado y conserva diferentes colecciones de utilidad científica: la de plantas vivas, el herbario y el banco de germoplasma. Todas ellas se complementan y completan con la biblioteca, de obligada consulta para cualquier trabajo de investigación.
La colección de plantas vivas es la más conocida y visitada, se dispone a lo largo de todo el Jardín. El herbario, banco de germoplasma y biblioteca están situados en el edificio de investigación en salas adecuadas para garantizar su conservación y a la disposición de los investigadores de todo el mundo.

diciembre 17, 2007 Posted by | Parques y jardines | Deja un comentario

LA RESTAURACIÓN, Jardin botanico

Los Estatutos de la Universidad de 1985 abrieron una nueva perspectiva para el Jardín Botánico, que dejó de depender de la Facultad de Ciencias al ser considerado un “Centro universitario de investigación, docencia y cultura”, dependiente directamente del rectorado.

En 1987 el rector Ramon Lapiedra nombró director a Manuel Costa, catedrático de Botánica de la Facultad de Farmacia, y le encargó la redacción de un proyecto de restauración integral del Jardín para recuperar el uso de todas sus instalaciones y darle el contenido que le atribuían los Estatutos.

El proyecto incluyó la restauración de los invernaderos y del umbráculo, la transformación de los cuadros de plantación, del sistema de riego, la remodelación de la Escuela Botánica, el desarrollo de nuevas colecciones de plantas, la implantación de un sistema adecuado de información y la construcción de un edificio de investigación. La primera fase, la recuperación del espacio ajardinado, se realizó entre 1989 y 1991.

La segunda fase, la construcción del edificio de investigación, no pudo completarse, por distintas dificultades administrativas y económicas, hasta 1999.La restauración del Jardín permitió recuperar los antiguos y deteriorados edificios. El umbráculo fue demolido y construido de nuevo. Se renovó la estructura metálica y la cristalera de los invernaderos, sólo se conservó la de la estufa tropical con un perfil muy singular que aún estaba en buen estado, y se instaló en ellos calefacción, riego y sistemas de humectación. La antigua estufa fría de grandes ventanales en el muro de mampostería, ocupada por el acuario, fue restaurada y dedicada a exposiciones y actividades culturales.

En los invernaderos, que estaban deteriorados y vacíos, se instalaron colecciones nuevas de palmeras, orquídeas, bromeliáceas, plantas suculentas, tropicales, carnívoras. Todos se abrieron al público. Se creó la rocalla y nuevas colecciones de plantas útiles para el hombre: frutales, plantas medicinales, plantas de interés económico…., colecciones todas ellas que volvieron al Jardín después de años de haber desaparecido y que recuerdan las distintas épocas y orientaciones por las que pasó. Se reordenó la Escuela Botánica, adecuándola a los modernos conceptos de la sistemática, y se volvió a plantar.

El 12 de junio de 1991, tras permanecer dos años cerrado por las obras realizadas, el Jardín se abrió de nuevo al público, una vez concluida la primera fase de la restauración. Desde esa fecha ha dedicado una especial atención a la divulgación científica, manteniendo una incesante oferta de acogida para los colegios y potenciando el desarrollo de actividades educativas sobre temas de naturaleza y medio ambiente, a la investigación, centrada en la línea de la biología de la conservación y participando en proyectos de estudio de la diversidad vegetal, y a la cultura, acogiendo actividades de todo tipo como exposiciones de artes plásticas, conciertos o representaciones teatro.
La segunda fase de la restauración proyectada, la construcción del edificio de investigación, sufrió algún retraso, pero, finalmente, se pudo llevar a buen término, con la aportación económica de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional. El nuevo edificio se inauguró el 18 de mayo del año 2000. Su construcción ha sido de gran importancia para la consolidación de la actividad científica, docente y cultural que el Jardín Botánico venía desarrollando.
En él está instalado el herbario de la Universidad de Valencia y el banco de germoplasma de flora valenciana amenazada, que empezó a desarrollarse en 1990 en colaboración con la Conselleria de Medio Ambiente y que conserva las semillas y esporas de las plantas valencianas en peligro de extinción. Una biblioteca especializada en botánica ha encontrado, también, su ubicación en el nuevo edificio, abierta al público, reúne un importante fondo de revistas, artículos y libros para los aficionados y estudiosos de las plantas.
El edificio está dotado de aulas y laboratorios, para poder explicar a los estudiantes cómo es el mundo de las plantas y cuál es su importancia para el hombre. Los laboratorios de investigación, el salón de actos y la sala de exposiciones son algunas de las nuevas dependencias del Jardín que completan la oferta científica y cultural de este centro ubicado en el corazón de la ciudad de Valencia.
Todo ellos hace que el Jardín Botánico de la Universidad de Valencia se encuentre actualmente en una situación inmejorable para atender, desde el ámbito universitario, las exigencias de la sociedad valenciana en temas de medio ambiente.

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